Si dijéramos que el sol cae sin ganas en el cielo cuando el cielo está escapando y la soledad es más sola en la cama, y la luna es una lágrima sin llanto; te diría que estás muerta mi amor, por eso te estoy amando. Si dijéramos que nunca hubo tan bella una noche como esta, tuya y mía, si dijéramos que bajo las estrellas tu mirada y mi mirada están perdidas; te diría que estoy muerto mi amor, eso es lo que te diría.

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Gente linda que me visitó.

En la esquina de mi barrio hay una tienda que vende unas pastillas para olvidar. Los vecinos aseveran que su efecto prolifera pero yo no las quise ni probar. Pastillitas del olvido, tengan el recuerdo vivo de la noche que la vi bailar; se movía como loca, inestable y caprichosa, y era triste como mi ciudad, como mi ciudad.
Y yo que te di todas mis noches a vos, sin lamentos ni reproches. Te di, en las noches y los días, mis mejores melodías en las horas más tremendas de mi vida.
Yo te espero todavía, yo creo que el olvido es una fantasía.
Y así, destinado a padecerte sigo loco como siempre, inventando lo que sea para verte. En un rincón de mi memoria, sobran noches de tristeza, poca gloria, y soledad. Y en el hueco de los años más dorados caben tus ojos prestados y un adiós para olvidar.
Contigo
yo pierdo hasta mis buenos modales, aunque terminemos como
 dos animales.
Espera, no te enojes esta vez; lo vi venir,
como siempre la reacción es tan lenta como mi voz.
Arrasando con la razón, el tsunami llegó hasta aquí; lo vi venir…

Cada mañana el sol nos dio en la cara al despertar. Cada palabra que le pronuncié
lo hacía soñar. No era raro verlo en el jardín corriendo tras de mí y yo dejándome alcanzar,
 sin duda, era feliz.
 Era una buena idea cada cosa sugerida; ver la novela en la televisión, contarnos todo. Jugar eternamente el juego limpio de la seducción; y las peleas terminarlas siempre en el sillón.
Me va a extrañar, y sentirá que no habrá vida después de mí, que
no se puede vivir así.

No quiero saber de ti,
ya es tarde para mentir.
Hoy nuestro amor fracasó,
yo no pretendí que llegue a su fin.
Sabes bien que yo en verdad te amé,
pero nunca vi caer
la flor que se marchitó;
el sueño que un día soñamos los dos.
Esta noche soñé con tu amor
y no pude evitar sonreír
El recuerdo guardado quedó,
tan fuerte en mi ser y en mi corazón.
Y aunque el tiempo lo pueda sanar
estoy agonizando por ti;
ya no quedan palabras de más
No queda valor para que te siga amando